La verdad es que, últimamente, voy muy poco al cine, a pesar de lo mucho que me gusta. También hay que tener en cuenta que, cuando voy, suelo elegir horas raras (en realidad, ese “suelo” debería ser “solemos”, normalmente Vic y yo), por lo que es normal que no haya mucha gente en la sala.
El problema aparece cuando te acostumbras. Hoy hemos ido a ver No country for old men (me parece que el título pierde algo en la traducción, como la actuación de Bardem), en una sala a rebosar: sábado a las 8 de la tarde.
Es curioso que, aun retando a las leyes de la lógica, todavía me atreva a pensar que una sala de cine es una zona libre de capullismo, esa cualidad tan española. En mi ingenuidad, me daba por imaginar que, cuando a alguien le suena el móvil en el cine es por puro despiste, quizá porque esa vorágine de anuncios lobotomizadores en realidad le ha transmitido “Vodafone bueno”, y no “apague su móvil”, como debería ser, y que al pitido le sigue una sensación horrible de vergüenza, esa virtud tan poco española. Y hoy la realidad me ha dado un guantazo a mano abierta.
No sólo han sonado tres o cuatro teléfonos (señora o caballero, tenga la inteligencia de, al oír uno ajeno, procurar recordar si ha quitado el sonido al propio, para no quedar como un capullo, o capulla… la paridad, la paridad), sino que el premio gordo se lo ha llevado el capullo (o hijo de la gran puta desconsiderado, depende de cómo se mire) que ha tenido la desfachatez de descolgar, explicarle al interlocutor al otro lado de la llamada que estaba en el cine, describirle la película como “la del asesino esa” y, al ir a colgar, aprovechar para comentarle otra cosa que le había venido a la cabeza, entre otras cosas, en una llamada de medio minuto.
Mira que tenía opciones el muchacho. Como salirse fuera. O cortar la llamada y avisar por SMS. O irse a tomar por el culo, tampoco me va mucho en el asunto. Pero va y coge, y habla, el rapaz.
Lo que respecta a la película lo puedo resumir parafraseando a mi querida Irenita: inconclusa. Sin embargo, no por ello dejo de recomendar a la gente que vaya a verla, porque realmente logra crear un ambiente de tensión con unos tiempos muy bien medidos; tanto que igual esta noche sueño con Bardem (lo clava, en serio).
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