La elección
Elegir consiste en escoger una opción entre varias, supuestamente la mejor. A pesar de que no siempre escojamos lo que nos gusta o lo que les gusta a otros, la esencia de la idoneidad de la elección nunca desaparece del horizonte. En igualdad de condiciones, probablemente nos dejemos llevar por lo sentimental (o por el azar, sobre el que también se deposita la carga emocional del ‘destino’), pero si tratamos de decidir entre dos opciones (al fin y al cabo, una decisión con varias posibilidades siempre se puede plantear como una eliminatoria uno contra uno) que adolecen de los mismos defectos, obviamente nos inclinaremos hacia la que los manifieste con menos intensidad.
Hasta aquí, claro, ¿no? Una vez hecha la introducción metafísica, vamos a aplicarlo a mi campo de batalla favorito: la política.
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