Cosas que se hacen cuando no hace falta pensar
En la entrada anterior, una lectora me recriminaba lo siguiente:
Yo creo que toca… por mucho que guste la epistemología, los debates sin llegar a nada, las preguntas sin respuesta… abrir los ojos, asomarse a la ventana, o yo que sé, leer el periódico… y concienciarse en intentar resolver problemas reales.
Yo respondía insistiendo en que para identificar los problemas reales y resolverlos hace falta pararse a pensar. Porque, cuando uno no piensa, toma por correcto lo que le han contado, lo que ha leído o lo que más le conviene, como un trapo que se empapa del agua con que se le moja y humedece lo que toca con él, sin ningún tipo de procesado.
Dada mi reciente afición a las enumeraciones, me he propuesto elaborar una lista de cosas que se hacen porque sí, sin pensar, y que perjudican a otras personas, para comprobar si tienen relación con los “problemas reales”:
- Sacrificios rituales (de personas o animales).
- Mutilaciones (como las ablaciones del clítoris).
- Limpiezas étnicas.
- Discriminación hasta el asesinato (como los de los albinos en Tanzania).
- Legislaciones creativas (como las de la forma de vestir, que no deja de ser tragicómico).
Seguro que me dejo muchas, pero ésas me vienen a la mente de un plumazo. Lo divertido es que, para demostrarle a esa gente que lo que hace no está bien, hay que pararse a pensar, a hablar y a llevarles la contraria. Hay que dejar de respetar sus ideas, porque sus ideas son perjudiciales, y no sólo para ellos y su salud mental.
Como nota final, quiero decir que ayudaría más si todos esos buenos cristianos marcasen la cruz de las ONG al realizar la declaración de la renta únicamente. Por una parte, el dinero para la obra social de la Iglesia seguiría le mismo sitio (no lo sacan de la casilla que lleva su nombre, de ahí sólo salen sueldos para los curas), y por otro el dinero para el estado aumentaría, pudiendo, por ejemplo, dedicar más dinero a gasto social.

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