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Archivo para febrero, 2010

Mi vecina

Martes, 9 de febrero de 2010 1 comentario

Una señora de 85 años, alta, esbelta, siempre moño tirante y bastón en mano derecha. Viste en plan mujer inglesa y los rasgos de su cara desvelan que fue notaria, no tengo pruebas, pero estoy casi seguro.

Es algo sorda, el descubrirlo fue un proceso largo. Un día coincidimos en el portal y le dije:

-Buenos días, ¿cómo se encuentra?

Me respondió

-Ya, hace bueno.

De primeras pensé que sería un problema de mi pronunciación, después comprobé que desde mi apartamento oía las noticias de TVE, y teniendo en cuenta que no tengo tele en casa, empecé a sospechar lo de que estaba algo teniente, todo en plan proceso deductivo.

Es la típica señora encantadora, siempre sonriente. Yo creo que toma té por la tarde, y luego toca el piano.

Vive sola, por si despierto vuestro interés en ella creo que no tiene pareja actualmente.

Lo que me lleva a escribir sobre mi vecina, que por ponerle un nombre, le pega llamarse Carmen, es nuestro encuentro de la semana pasada; subía en el ascensor para casa y cuando llegué a mi piso, ella se encontraba en el descansillo junto a un hombre al que yo no conocía de unos 40 años.

Cuando me apeé, ella saludó, se dirigió al señor que esperaba y le dijo, “baje, baje, que yo voy por las escaleras.”

Ella y su bastón desde el 5º.

Un par de horas después, me dirigí a una perfumería a comprar un regalo, y ahí entró ella, y se acercó a la zona de cosméticos. Y se estuvo probando cosas mientras seducía al espejo.

Y viendo su físico y su buen humor la he preguntado cómo lo hace, y bueno, hemos quedado mañana a las 8 para ir a correr.

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Quizá más

Lunes, 1 de febrero de 2010 1 comentario

Hace 50 años, cuatro jóvenes afroamericanos entraron en un Woolworth y se sentaron en los taburetes reservados a los blancos. Incluso a mí, que nací 25 años más tarde, 1960 me parece apenas anteayer. Y, sin embargo, los negros todavía tenían que comer de pie en el Primer Mundo.

Al día siguiente, los Cuatro de Greensboro se convirtieron en veintisiete. Y los veintisiete, al poco tiempo, en muchos más; el día 5 se presentaron unos 300 estudiantes negros para protestar pacíficamente, sentados en taburetes. Hizo falta un aviso de bomba anónimo para romper la cadena, pero ya era demasiado tarde: la voz se había corrido, y protestas de este tipo, junto con boicots económicos, comenzaban a brotar por todo el sur de Estados Unidos.

Franklin McCain cuenta que, mientras estaban los cuatro sentados donde sabían que estaba prohibido, una mujer mayor, blanca, se les acercó, le puso a él la mano sobre el hombro y dijo: “Chicos, estoy tan orgullosa de vosotros… Sólo lamento que no hayáis hecho esto hace diez años”. Y recuerda:

“That was the greatest source of inspiration to me, probably for all my life, primarily because it came from a very unexpected person. You picture 1960 in the South in a little old white lady’s space and you are acting out of place, and she compliments you.”

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