Quizá más
Hace 50 años, cuatro jóvenes afroamericanos entraron en un Woolworth y se sentaron en los taburetes reservados a los blancos. Incluso a mí, que nací 25 años más tarde, 1960 me parece apenas anteayer. Y, sin embargo, los negros todavía tenían que comer de pie en el Primer Mundo.
Al día siguiente, los Cuatro de Greensboro se convirtieron en veintisiete. Y los veintisiete, al poco tiempo, en muchos más; el día 5 se presentaron unos 300 estudiantes negros para protestar pacíficamente, sentados en taburetes. Hizo falta un aviso de bomba anónimo para romper la cadena, pero ya era demasiado tarde: la voz se había corrido, y protestas de este tipo, junto con boicots económicos, comenzaban a brotar por todo el sur de Estados Unidos.
Franklin McCain cuenta que, mientras estaban los cuatro sentados donde sabían que estaba prohibido, una mujer mayor, blanca, se les acercó, le puso a él la mano sobre el hombro y dijo: “Chicos, estoy tan orgullosa de vosotros… Sólo lamento que no hayáis hecho esto hace diez años”. Y recuerda:
“That was the greatest source of inspiration to me, probably for all my life, primarily because it came from a very unexpected person. You picture 1960 in the South in a little old white lady’s space and you are acting out of place, and she compliments you.”
Me ha gustado.
A la mujer mayor blanca la pongo cara, fijo que se da un aire a tu vecina.