Un encuentro emotivo
Ayer me fui a sacar sangre; no es algo con lo que disfrute y no porque tenga miedo a las agujas, ese sólo me acompañó durante la infancia.
Mi miedo no era irracional. Mi miedo fue motivado por una enfermera encantadora que se ensañaba con mi culo, recuerdo que al pincharme, parecía como si el clavarme una aguja intramuscularmente desahogara todas sus frustraciones semanales. Había veces que incluso cogía impulso.
Yo al principio decía: Ay!
Pero creo que aquello la impulsaba a presionar más, así que las últimas veces, tarareaba canciones y sonreía para que la muy simpática pensara que yo estaba disfrutando.
La culpa de tener que pincharme no era de la enfermera, todo sea dicho, era mía, por tener amigdalitis y un poco del doctor por elegir que pasar la molestia de mi garganta al glúteo, era lo mejor para mis amígdalas XXL.
Pero lo dicho, aquello lo superé sin necesidad de psicoterapia, sólo hizo falta que la enfermera se jubilara.
Mi problema cuando me voy a hacer análisis es que soy bastante hipotenso; eso hace que me maree con facilidad…
Ayer no me desmayé, salí todo orgulloso del hospital y me dirigía a la facultad de medicina, iba a hacer una visita, antes de irme al trabajo.
Llovía, hacía viento, yo iba con un portátil, una carpeta, y mi color pálido provocado por la suma de: hipoglucemia de no haber desayunado más la hipotensión de la que os he hablado. Y en ese momento en el que yo camino por la acera… para un pedazo de Mercedes a mi lado, una mujer de unos 60 años, todo peinada y maquillada, baja su ventanilla, y me pregunta: “¿Tienes coche?”
Entonces, por mi cabeza pasa: Qué mujer tan encantadora, está viendo mi estado lamentable, saliendo del hospital, lloviendo… y quiere que no me moje y acercarme a algún sitio. Así que le respondo: “No, pero no necesito que me lleve a ningún sitio, voy aquí mismo, a medicina, muchas gracias de todos modos”.
Recorre una sensación estupenda por mi cuerpo, pensaba que la gente así no existía, y menos en Santander donde si las personas se caracterizan por algo, no es por su amabilidad.
La mujer me sonríe y añade: “No, no, si era porque estoy buscando sitio para aparcar, pero no te preocupes”
Acelera de nuevo y cierra la ventanilla.
Yo me digo, “vaya estúpida”… mientras me sonrojo y pienso…”quizá vaya estúpido” . Y llego mojado y con el esparadrapo despegado a la universidad.
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