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Mi padre se niega…

Miércoles, 16 de Junio de 2010 calcetines 1 comentario

… a asumir que pasó los 50, y no permite que le hurguen las venas con agujas, ni recoge muestras de caca para que alguien le busque sangre oculta, ni deja que se le masajee la próstata por vía rectal, y sigue comiendo carne roja, comprando, sin darse cuenta, papeletas para el cáncer de colon…

Y mi madre pasa algo más por el aro con lo de las mamografías, pero también es reacia a las espatulitas que se menean para tomar muestras citológicas, las ecografías, la recogida de heces,  las analíticas periódicas, a evitar los rayos de sol y la pizza…

Son unos inconscientes, pero, sin embargo, son muy deportistas. Y esta claro que estar dispuesto a sudar es factor protector para casi todo.

Bueno, el fumar es plato aparte, que mis papis no fuman, y me entenderíais si hubieseis pasado por la planta de neumología. El 95% de las personas con cáncer de pulmón fuman así que en este tema, sentido común de cada cual.

Y bueno, la prevención es importante.

Pero, si por ahora no se está por la labor de dejar las deliciosas grasas saturadas que dan sabor a la comida, ni de pasar por las pertinentes pruebas de screening, ni de evitar entrar a bares con humo de tabaco, ni de no exponerse a los rayos del sol…

Pues, en principio, un paso es diagnosticar a tiempo un ictus, que no es cáncer pero es la primera causa de incapacidad laboral en España y deja a la gente muy jodida en muchos casos, y en otros tantos directamente no la deja. Este vídeo me gusta y hacer lo correcto en el momento adecuado pues es fundamental.

Por cierto, conviene recordar hay que cambiar el 911 por el 112, que el vídeo es de los USA.

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Un encuentro emotivo

Sábado, 27 de Marzo de 2010 calcetines Sin comentarios

Ayer me fui a sacar sangre; no es algo con lo que disfrute y no porque tenga miedo a las agujas, ese sólo me acompañó durante la infancia.

Mi miedo no era irracional. Mi miedo fue motivado por una enfermera encantadora que se ensañaba con mi culo, recuerdo que al pincharme, parecía como si el clavarme una aguja intramuscularmente desahogara todas sus frustraciones semanales. Había veces que incluso cogía impulso.

Yo al principio decía: Ay!

Pero creo que aquello la impulsaba a presionar más, así que las últimas veces, tarareaba canciones y sonreía para que la muy simpática pensara que yo estaba disfrutando.

La culpa de tener que pincharme no era de la enfermera, todo sea dicho, era mía, por tener amigdalitis y un poco del doctor por elegir que pasar la molestia de mi garganta al glúteo, era lo mejor para mis amígdalas XXL.

Pero lo dicho, aquello lo superé sin necesidad de psicoterapia, sólo hizo falta que la enfermera se jubilara.

Mi problema cuando me voy a hacer análisis es que soy bastante hipotenso; eso hace que me maree con facilidad…

Ayer no me desmayé, salí todo orgulloso del hospital y me dirigía a la facultad de medicina, iba a hacer una visita, antes de irme al trabajo.

Llovía, hacía viento, yo iba con un portátil, una carpeta, y mi color pálido provocado por la suma de: hipoglucemia de no haber desayunado más la hipotensión de la que os he hablado. Y en ese momento en el que yo camino por la acera… para un pedazo de Mercedes a mi lado, una mujer de unos 60 años, todo peinada y maquillada, baja su ventanilla, y me pregunta: “¿Tienes coche?”

Entonces, por mi cabeza pasa: Qué mujer tan encantadora, está viendo mi estado lamentable, saliendo del hospital, lloviendo… y quiere que no me moje y acercarme a algún sitio. Así que le respondo: “No, pero no necesito que me lleve a ningún sitio, voy aquí mismo, a medicina, muchas gracias de todos modos”.

Recorre una sensación estupenda por mi cuerpo, pensaba que la gente así no existía, y menos en Santander donde si las personas se caracterizan por algo, no es por su amabilidad.

La mujer me sonríe y añade: “No, no, si era porque estoy buscando sitio para aparcar, pero no te preocupes”

Acelera de nuevo y cierra la ventanilla.

Yo me digo, “vaya estúpida”… mientras me sonrojo y pienso…”quizá vaya estúpido” . Y llego mojado y con el esparadrapo despegado a la universidad.

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Mi vecina

Martes, 9 de Febrero de 2010 calcetines 1 comentario

Una señora de 85 años, alta, esbelta, siempre moño tirante y bastón en mano derecha. Viste en plan mujer inglesa y los rasgos de su cara desvelan que fue notaria, no tengo pruebas, pero estoy casi seguro.

Es algo sorda, el descubrirlo fue un proceso largo. Un día coincidimos en el portal y le dije:

-Buenos días, ¿cómo se encuentra?

Me respondió

-Ya, hace bueno.

De primeras pensé que sería un problema de mi pronunciación, después comprobé que desde mi apartamento oía las noticias de TVE, y teniendo en cuenta que no tengo tele en casa, empecé a sospechar lo de que estaba algo teniente, todo en plan proceso deductivo.

Es la típica señora encantadora, siempre sonriente. Yo creo que toma té por la tarde, y luego toca el piano.

Vive sola, por si despierto vuestro interés en ella creo que no tiene pareja actualmente.

Lo que me lleva a escribir sobre mi vecina, que por ponerle un nombre, le pega llamarse Carmen, es nuestro encuentro de la semana pasada; subía en el ascensor para casa y cuando llegué a mi piso, ella se encontraba en el descansillo junto a un hombre al que yo no conocía de unos 40 años.

Cuando me apeé, ella saludó, se dirigió al señor que esperaba y le dijo, “baje, baje, que yo voy por las escaleras.”

Ella y su bastón desde el 5º.

Un par de horas después, me dirigí a una perfumería a comprar un regalo, y ahí entró ella, y se acercó a la zona de cosméticos. Y se estuvo probando cosas mientras seducía al espejo.

Y viendo su físico y su buen humor la he preguntado cómo lo hace, y bueno, hemos quedado mañana a las 8 para ir a correr.

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XXI – 16

Sábado, 23 de Enero de 2010 calcetines Sin comentarios

Cuando tenía seis años, vi una vez un extraordinario dibujo en un libro que trataba sobre el Bosque Virgen, llamado “Historias Vividas”. La lámina expresaba nada menos que una serpiente boa tragándose a una fiera. Aquí tenemos la copia del dibujo.
El libro decía: “Las serpientes boas capturan a sus presas y las tragan enteras, sin masticarlas. Esto, no les permite moverse y duermen durante los seis largos meses en que transcurre la digestión.” Es entonces que pensé mucho sobre las aventuras de la selva y un buen día, tomé un lápiz de color y logré mi dibujo número 1. Era así:

Decidí mostrar mi primera obra maestra a la gente grande, y pregunté si mi dibujo les asustaba.
-”¿Por qué nos asustaría un sombrero?”-, me respondían.
Pero mi dibujo, no representaba en verdad a un sombrero. Expresaba una serpiente boa que había tragado a un elefante.
Decidí entonces dibujar el interior de la serpiente boa a fin de que los adultos comprendieran, ya que siempre necesitan explicaciones. Así quedó logrado mi dibujo número 2:

Me aconsejaron las personas grandes, que abandonara estos dibujos de serpientes boas cerradas o abiertas y me dedicara un poco más a la geografía, la historia, el cálculo y la gramática.
De este modo abandoné a la edad de seis años lo que pudo haber sido una brillante carrera de pintor. Me encontraba decepcionado a raíz del fracaso de mis dos primeros dibujos. Insisto en que las personas grandes no comprenden nada por sí mismas y es cansador para nosotros, los niños, darles siempre y siempre explicaciones.
Consideré que debía elegir otra ocupación y aprendí a pilotear aviones, volando así por innúmeros lugares del mundo. Reconozco que la geografía me sirvió de mucho. Al instante podía distinguir China de Arizona; esto es muy útil si uno llega a perderse durante la noche.
Debo decir, que así fue como a lo largo de mi vida, tomé contacto con muchísima gente seria. He vivido mucho con personas grandes, viéndolas muy de cerca. Aún así, no mejoré en demasía mi opinión acerca de los adultos.
Cuando encontraba alguna persona grande que me parecía algo lúcida, realizaba la prueba de mi dibujo número 1 que siempre he conservado y conservo aún. Me interesaba saber si verdaderamente comprendería mi dibujo. Sin embargo, siempre me respondían: “Es un sombrero”. Desde ya que no les hablaba entonces de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su alcance, hablándoles de bridge, de golf, de política y de corbatas. Así es como se quedaban conformes por haber conocido a un hombre tan razonable.

El Principito, Antoine de Saint Exupéry.

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