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Mi vecina

Martes, 9 de Febrero de 2010 calcetines 1 comentario

Una señora de 85 años, alta, esbelta, siempre moño tirante y bastón en mano derecha. Viste en plan mujer inglesa y los rasgos de su cara desvelan que fue notaria, no tengo pruebas, pero estoy casi seguro.

Es algo sorda, el descubrirlo fue un proceso largo. Un día coincidimos en el portal y le dije:

-Buenos días, ¿cómo se encuentra?

Me respondió

-Ya, hace bueno.

De primeras pensé que sería un problema de mi pronunciación, después comprobé que desde mi apartamento oía las noticias de TVE, y teniendo en cuenta que no tengo tele en casa, empecé a sospechar lo de que estaba algo teniente, todo en plan proceso deductivo.

Es la típica señora encantadora, siempre sonriente. Yo creo que toma té por la tarde, y luego toca el piano.

Vive sola, por si despierto vuestro interés en ella creo que no tiene pareja actualmente.

Lo que me lleva a escribir sobre mi vecina, que por ponerle un nombre, le pega llamarse Carmen, es nuestro encuentro de la semana pasada; subía en el ascensor para casa y cuando llegué a mi piso, ella se encontraba en el descansillo junto a un hombre al que yo no conocía de unos 40 años.

Cuando me apeé, ella saludó, se dirigió al señor que esperaba y le dijo, “baje, baje, que yo voy por las escaleras.”

Ella y su bastón desde el 5º.

Un par de horas después, me dirigí a una perfumería a comprar un regalo, y ahí entró ella, y se acercó a la zona de cosméticos. Y se estuvo probando cosas mientras seducía al espejo.

Y viendo su físico y su buen humor la he preguntado cómo lo hace, y bueno, hemos quedado mañana a las 8 para ir a correr.

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XXI – 16

Sábado, 23 de Enero de 2010 calcetines Sin comentarios

Cuando tenía seis años, vi una vez un extraordinario dibujo en un libro que trataba sobre el Bosque Virgen, llamado “Historias Vividas”. La lámina expresaba nada menos que una serpiente boa tragándose a una fiera. Aquí tenemos la copia del dibujo.
El libro decía: “Las serpientes boas capturan a sus presas y las tragan enteras, sin masticarlas. Esto, no les permite moverse y duermen durante los seis largos meses en que transcurre la digestión.” Es entonces que pensé mucho sobre las aventuras de la selva y un buen día, tomé un lápiz de color y logré mi dibujo número 1. Era así:

Decidí mostrar mi primera obra maestra a la gente grande, y pregunté si mi dibujo les asustaba.
-”¿Por qué nos asustaría un sombrero?”-, me respondían.
Pero mi dibujo, no representaba en verdad a un sombrero. Expresaba una serpiente boa que había tragado a un elefante.
Decidí entonces dibujar el interior de la serpiente boa a fin de que los adultos comprendieran, ya que siempre necesitan explicaciones. Así quedó logrado mi dibujo número 2:

Me aconsejaron las personas grandes, que abandonara estos dibujos de serpientes boas cerradas o abiertas y me dedicara un poco más a la geografía, la historia, el cálculo y la gramática.
De este modo abandoné a la edad de seis años lo que pudo haber sido una brillante carrera de pintor. Me encontraba decepcionado a raíz del fracaso de mis dos primeros dibujos. Insisto en que las personas grandes no comprenden nada por sí mismas y es cansador para nosotros, los niños, darles siempre y siempre explicaciones.
Consideré que debía elegir otra ocupación y aprendí a pilotear aviones, volando así por innúmeros lugares del mundo. Reconozco que la geografía me sirvió de mucho. Al instante podía distinguir China de Arizona; esto es muy útil si uno llega a perderse durante la noche.
Debo decir, que así fue como a lo largo de mi vida, tomé contacto con muchísima gente seria. He vivido mucho con personas grandes, viéndolas muy de cerca. Aún así, no mejoré en demasía mi opinión acerca de los adultos.
Cuando encontraba alguna persona grande que me parecía algo lúcida, realizaba la prueba de mi dibujo número 1 que siempre he conservado y conservo aún. Me interesaba saber si verdaderamente comprendería mi dibujo. Sin embargo, siempre me respondían: “Es un sombrero”. Desde ya que no les hablaba entonces de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su alcance, hablándoles de bridge, de golf, de política y de corbatas. Así es como se quedaban conformes por haber conocido a un hombre tan razonable.

El Principito, Antoine de Saint Exupéry.

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