No, no voy a hablar de lo de ayer. Siempre me gustó más comentar lo de la semana, el mes o el año pasados, para conservar mi aroma elitista de no dejar arrastrarme por las modas.
Hoy, queridos niños, vengo a hablaros de “odio antirreligioso”. Parece ser que la iglesia de Santa Genoveva, en Majadahonda, fue víctima hace unos días de un —afortunadamente infructuoso— atentado laicista.
Para el que no lo sepa, un atentado laicista es una acción violenta cometida contra una iglesia. Siempre me ha hecho gracia que se defina el crimen según quién sea la víctima, porque entonces es la imaginación de uno el techo: si se colocan explosivos a la puerta de un sindicato, podremos decir alegremente que se trata de un atentado de la patronal; si ocurre en el cajero de un banco, lo obvio sería calificarlo de atentado anticapitalista; cuando exista una amenaza de bomba en un centro comercial, nos encontraremos, sin duda, ante un atentado anticonsumista.
Yo no entiendo para qué existe una organización como Hazte Oír, si no es para generar odio. Necesitan odiar a los que no compartimos sus ideas ni tenemos miedo de calificarlas de memeces (sin que la respuesta supere el nivel intelectual de 2º de Primaria de “son mis creencias y tienes que respetarlas”). Nos identifican como a sus enemigos, y en la guerra todo vale.
El laicismo sólo aboga por la separación del individuo de la religión (sustituya “individuo” por “sociedad” o “estado” donde corresponda). Quizá algún día los cristofreaks comprendan que nosotros no mantenemos nuestra posición igual que ellos: detrás de la nuestra hay un proceso racional, que no se estimula a base de bombas, ni torturas, ni argumentos vacuos, ni lógicas elásticas, ni misas en latín o en hebreo. Aunque, por otra parte, es probable que esto ya lo sepan, y por eso necesiten crearse un entorno jurídico a medida para que sus convicciones inmotivadas no tengan que correr el riesgo de ser cuestionadas.
Sí, hoy no estoy demasiado inspirado. Además, tengo hambre, que no he desayunado más que el culín de zumo de naranja que quedaba en la botella. Y procuraré estar más atento a los comentarios, que para cuatro que hay…
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