Dos fines de semana
Últimamente no he escrito demasiado porque tenía pendiente comentar algo de los dos maravillosos fines de semana que Ana y yo nos hemos tirado por ahí.
La semana pasada decidimos ir a dar una vuelta por Barcelona. Nos quedamos en un hotel precioso en el centro, a 10 minutos del Paseo de Gracia y en pleno Gaixample. Acordamos que no cogeríamos más medios de transporte que nuestras propias piernas, aunque la verdad es que dos de los días no nos quedó más remedio, empujados por el frío y el cansancio —este último sobre todo mío— que dejarnos llevar a casa.
La verdad es que Barcelona estaba bastante bonita, aunque quizá se hayan pasado un poco con los colorines de las luces. Por lo demás, la gente muy agradable, cantidad de sex shops alrededor del hotel, bastante frío, Las Ramblas hasta arriba, el Parque de la Ciudadela precioso… Lo único que nos decepcionó, y bastante, fue la Sagrada Familia, que nunca habíamos visto por dentro y lo cierto es que no entusiasma demasiado. Menos mal que lo compensamos cenando en una crêperie la mar de cuca, que parecía sacada de una postal, y que tenía unas galettes y unas crêpes para no parar de comer.
Y, aunque volvimos el martes, anteayer sábado nos fuimos de escapada romántica a la Casona de Llerana. Llevan muy poco tiempo abiertos, pero les auguro un gran futuro. El servicio es inmejorable; son una gente extraordinariamente agradable y atenta, y hacen que lo poco que compartas con ellos te deje buen sabor de boca. Las habitaciones son preciosas; nosotros nos quedamos en una del segundo piso con un techo agaterado muy bonito. Del desayuno no sé si hablar, porque se merecería otra entrada él solito. Un zumito, sobaos y magdalenas de chocolate caseras, mantequillas y mermeladas artesanales, pan recién tostado, chocolate caliente… Por poner, hasta nos pusieron algo de jamón (riquísimo) con unas tostadas con aceite.
Le recomiendo la experiencia a cualquiera que desee pasar un fin de semana inolvidable. Aunque en mi caso también ayudara la compañía.
Última hora