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Libertad para creer

Martes, 13 de Octubre de 2009 alx5000 Sin comentarios

No ha sido la primera vez este fin de semana que me hayan dicho que ojalá tuviera la capacidad de creer, de sentir la presencia de un dios, ni será la última. A menudo, suele ir acompañado este deseo de la constatación de una limitación personal mía a la hora de saber escuchar las señales que de él emanan.

Yo lo interpreto de manera diferente. Por supuesto que tengo la capacidad de creer, pero sólo cuando se trata de creencias fundamentadas. Siempre me ha parecido que las personas dogmáticas partían de la solución universal (“existe un dios”) y la iban aplicando individualmente a cada problema, sea el que fuere. Esto, aparte de suponer un inconveniente relativamente grave, dado que tener una explicación para todo (que no explica nada) atrofia la capacidad de pensamiento crítico de cada uno, significa que, pase lo que pase, siempre se van a interpretar los hechos desde una idea primera universal e inamovible: un prejuicio.

Personalmente, estoy bastante seguro de que carezco de ese prejuicio. Lo he dicho mil veces y lo mantengo: sólo necesito una prueba, algo atribuible a un dios, y a lo que no se puedan asociar fácilmente otras causas (suelo poner de ejemplo a los unicornios). Con hechos, es muy sencillo convencerme; basta con una piedra que caiga hacia arriba para trastocar mi confianza en la Gravitación Universal.

Pregúntenle lo mismo a una persona creyente. Responderá que no, que no hay ninguna forma de que deje de creer en lo suyo, ocurra lo que ocurra. ¿No es esa la auténtica limitación personal?

PS: No, el amor no me vale (“¿crees en el amor?” tiene tanto sentido como “¿crees en la justicia?” o “¿crees en la amistad?”; los conceptos abstractos identifican sensaciones, estados, y, para más inri, suelen variar demasiado de una persona a otra), como tampoco me valen la sonrisa de un niño (sería el Unicornio quien la provocaba) o la propia existencia del mundo (un comité de unicornios) y su perfección (esto que se lo comenten a todos éstos y a estos otros…).

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La objeción de conciencia

Jueves, 11 de Junio de 2009 alx5000 Sin comentarios

Menudo revuelo se ha montado porque en el borrador de la Ley de Muerte Digna no se regula la objeción de conciencia. Carlos Dávila, como cita Juan Carlos Escudier, se preguntaba si “¿La Junta de Andalucía va a obligar a un médico a desenchufar a un paciente si a él no le da la gana?”. Javier Arenas ha dicho que sólo apoyará la norma si “no violenta a nadie ni atenta contra las creencias de los pacientes, familiares o la seguridad de los médicos”. Cómo va a atentar contra las creencias del paciente, si sería el que decide, o contra la seguridad de los médicos, si estarían amparados por la ley, son dos cuestiones que ni me planteo. Y opino que las creencias de los familiares sólo deberían tener prioridad cuando se trate de cuestiones que les atañan a ellos mismos, pero si hablamos de lo que se vaya a hacer con otra persona, es la decisión de esta última la que debe contar.

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Tal día como hoy

Martes, 1 de Abril de 2008 alx5000 Sin comentarios

Hace 69 años clavados, un tal Paco anunciaba por la radio que el ejército legítimo de España había sido vencido (“cautivo y desarmado”), para regocijo de muchos, que veían cómo la libertad se apoderaba de su país, y decidieron ponerse manos a la obra para que, efectivamente, África siguiera comenzando en los Pirineos.

Hoy muchos siguen celebrando esta efeméride, frontera entre una Guerra fraticida y monstruosa y una dictadura totalitaria y liberticida (me encanta cuando los ultraderechistas ofendidos usan esos dos adjetivos para describir el gobierno de Zapatero) que no crean ustedes que le tuvo mucho que envidiar a la primera.

Lo que más me impresiona, dejada atrás esa época de extraordinaria placidez, es que a día de hoy una de las instituciones que más se aprovechó de la situación, la Iglesia Católica, y, sobre todo, sus acólitos, sigan viendo a España como su país, y pretendan atacar la normalidad democrática blandiendo, de forma ora intencionadamente incorrecta, ora asombrosamente estúpida, lo que ellos llaman el derecho a la libertad religiosa.

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