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Sois los mismos

Viernes, 21 de Mayo de 2010 alx5000 4 comentarios

Por increíble que parezca, sí, sois los mismos. Los mismos cobardes, hipócritas, llorones. Sois los mismos que reproducíais las caricaturas de Mahoma, porque es libertad de expresión (y lo que les jode a los moros, ¿eh?). Los mismos que siempre decís “con el Islam no se atreven”, porque “meterse con un católico sale barato”. No se meten con vosotros, porque sois mierda, y a la mierda se la ignora. Como mucho, se tapa uno la nariz ante ella. Sois puño de hierro y mandíbula de cristal. Sois los que llamáis a los gays enfermos antinaturales, que nos amenazáis con sufrimientos eternos a los que pensamos por nuestra cuenta, porque lo dicen un libro más fantástico (y menos entretenido) que el Señor de los Anillos y un judío de hace 2000 años con delirios de grandeza. Sois los que os sentís ofendidos por quienes ridiculizan vuestras creencias, ante, quizá, la imposibilidad de defenderlas. Los que se ríen de Irán y sus leyes ultrarreligiosas.

Los mismos sois los que os frotáis las manos con lo que le están haciendo a Krahe.

Porque, al fin y al cabo, los mismos sois que los que quemaron a Servet en la hoguera o los que juzgaron a Galileo. Si algo os jode, que no vaya más allá de, en principio, 132.000 euros, ¿verdad?

Vuestra forma de poner la otra mejilla os delata. Si vosotros mismos prostituís a vuestro cristo, ¿qué más os da que otros lo cocinen?

14.33. Edito y cortopego. El juego se llama Adivine de qué hablamos.

  1. El paciente expresa una idea o una creencia con una persistencia o fuerza inusual.
  2. Esa idea parece ejercer una influencia excesiva, y su vida se altera habitualmente hasta extremos inexplicables.
  3. A pesar de su convicción profunda, habitualmente hay un cierto secretismo o sospecha cuando el paciente es preguntado sobre el tema.
  4. El individuo tiende a estar sin humor e hipersensible, especialmente respecto a su creencia.
  5. Tiene un carácter de centralidad: independientemente de lo improbable que sean las cosas que le ocurren, el paciente lo acepta sin casi cuestionárselo.
  6. Si se intenta contradecir su creencia es probable que levante una fuerte reacción emocional, a menudo con irritabilidad y hostilidad.
  7. La creencia es, cuando menos, improbable.
  8. La idea delirante ocupa una gran parte del tiempo del paciente, y abruma otros elementos de su psique.
  9. El delirio, si se exterioriza, a menudo conduce a comportamientos anormales y fuera de lugar, aunque quizás comprensibles conocidas las creencias delirantes.
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A vueltas con la tolerancia

Lunes, 5 de Abril de 2010 alx5000 Sin comentarios

Creo que ya he dicho en muchas ocasiones que soy un intolerante, pero que lo soy con las ideas y no con las personas (y, si en algún caso no se ha dado la segunda cláusula, pido perdón antes de continuar). Diciendo que creo que las ideas deben ser lo suficientemente sólidas como para soportar cualquier envite (de corte escéptico) no estoy contando nada nuevo.

Una de las situaciones qué más curiosas y familiares me parecen es la del ateo que no se siente ofendido. De las misma forma que un cristiano, un judío o un mulsulmán (o un antiguo heleno) puede sentirse atacado por alguien que defiende que no hay dioses, o que les hace cuestionarse sus posturas, jamás he visto a un ateo alterarse porque cualquiera de esos otros individuos afirmen lo contrario (sistemática, continua y constantemente, por no decir que sin prueba alguna) o le pidan a él que se explique.

Hay personas que creen que sus ideas valen más que otras -cualesquiera- o que las de los demás -en general-, y que lo que les confiere ese valor no es tanto el mérito propio de la idea como una especie de vallado místico, metafísico, con el que se pretende que la razón y el pensamiento crítico no puedan sino mirar desde lo lejos. Y, claro, cuando se osa tan solo pasar un mísero “por qué” por encima del cercado, ocurre lo de siempre: ira, enfado, rabia, todo ello precipitado por el miedo a no saber, a cuestionarse a uno mismo. Dependiendo de la época de la que hablemos, del carácter del que se da por ofendido y del poder que posea, tendremos una consecuencia u otra derivada de ese miedo: inquisiciones por blasfemia, acusaciones de brujería, juicios sumarísimos a disidentes políticos, lapidaciones de homosexuales, insultos y vituperaciones de diversos calibres…

Según se iba avanzando hacia un mundo más moderno y civilizado, se fue concibiendo el concepto de tolerancia, cuya aplicación permitía que una persona pudiera disidir del pensamiento mayoritario sin tener, por ello, que temer por su integridad física. Una tolerancia hacia las personas, de forma que se puede discrepar de los argumentos y las ideas de otro, pero no abrirle la cabeza por ello. Pero este concepto tan útil y necesario para el avance de la civilización se ha visto prostituido políticamente en los últimos tiempos. Tolerar, en su versión actual, consiste en respetar las creencias, ideas o prácticas de los demás cuando son diferentes a las nuestras. Y por ahí no paso.

¿Cómo se tolera a una persona que cree que las demás razas son inferiores, aun cuando no inflija castigo alguno a nadie? ¿De verdad una persona sin prejuicios raciales puede respetar una creencia de ese tipo? ¿No sería más adecuado y correcto exigir que el racista se plantee por qué cree que otros son inferiores y lo explique, en lugar de darle una palmadita en la espalda y decir “respeto tus ideas, pues son igual de válidas que las de los demás”?

Muchos dirán que el racismo y, por ejemplo, la religión son temas distintos. Que no se puede aplicar el párrafo anterior al creyente en uno o varios dioses. Y yo, muy socráticamente, haré lo que mejor se me da: preguntaré por qué. ¿Acaso hay creencias de primer y segundo nivel? ¿Cuanto más enraizada en uno se encuentra una idea, más digna es de respeto? Conceptos como el geocentrismo o la hegemonía de una u otra raza han formado (y forman, tristemente, en algún caso todavía) parte del sistema central de creencias de individuos e, incluso, de comunidades enteras. ¿Es cuestionar la validez de sus ideas atacarlos en un plano personal, o solo cuando la idea es mala o dañina? ¿Quién decide qué idea es mala y cuál es buena? Es bastante esclarecedor, además, que aquellos que defienden la idea de una moral universal suelen concluir que esta coincide con la suya propia (y que los que tienen otra es por algún defecto, supongo).

Tampoco me parece que una creencia que se profesa de forma personal, sin interferir en la vida de terceros, sea totalmente inocua. Las ideas fijas, inamovibles y nunca cuestionadas sólo llevan a un lugar: la ignorancia. Dudo encontrar a mucha gente que me defienda que la ignorancia es algo deseable, a menos que lo hagan interesadamente con el fin de engañar a otros, o con el de edulcorar artificialmente la realidad para hacerla más atractiva. Lo que distingue a los adultos de los niños es que los primeros no pueden creer que tres tipos en camello recorran todo el mundo en una noche dejando regalos en cada casa, por muy bonito y mágico que nos parezca el concepto. ¿Dejaría usted que operase a su hijo un cirujano que cree en los unicornios?

Y, de nuevo, vuelvo a caer en la trampa de la intransigencia y la ofensa, pues he comparado creer en los unicornios o en los Reyes Magos con una creencia seria. Pero, ¿para quién es seria? No es difícil pensar que cualquier cosa que se le ocurra a uno puede llegar a ser algo importante para algún individuo del planeta; la reciente proliferación de pulseras Power Balance me parece un buen ejemplo. ¿No es dar iguales muestras de intransigencia y, encima, de soberbia, enfadarse por que se compare lo que uno cree con lo que creen, por ejemplo, los indios que realizan la danza de la lluvia? Para mi gusto, el principal motivo de tal enfado es, precisamente, no poder dar una razón (más allá de gritar “no es lo mismo” tapándose los oídos) por la que ambas ideas no son comparables.

Todos podemos estar equivocados en cualquier momento, así que, ¿cómo se puede asumir que algunas de nuestras creencias permanecerán inmutables, pase lo que pase? Ese es el problema del que adolecen muchos de los manuales de comportamiento (y aquí incluyo textos sagrados, libros de medicina tradicional y escritos prescriptivos en general): dicen el miércoles lo mismo que decían el lunes, sin importar lo que haya ocurrido el martes (perdón por utilizar tanto la misma frase, y gracias, Stephen Colbert). Incluso los tratados más eminentes de física, como el Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica de Newton, acaban siendo enmendados o rechazados completamente cuando se ve ya no funcionan tan bien. Los promotores científicos nunca harán un drama de esto, más bien se vanagloriarán de ello porque, como dice el refrán, rectificar es de sabios.

Paradójicamente, los que me señalan por mi intransigencia con las ideas se olvidan de que ellos están cometiendo una más grave: la que atañe a los hechos y al sentido común, a la navaja de Occam y al método científico. A pensar, en general.

Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica

Lectura recomendada

Domingo, 4 de Abril de 2010 alx5000 Sin comentarios

Para abrir boca, un pequeño extracto (probablemente el más famoso de todo el artículo):

Many orthodox people speak as though it were the business of sceptics to disprove received dogmas rather than of dogmatists to prove them. This is, of course, a mistake. If I were to suggest that between the Earth and Mars there is a china teapot revolving about the sun in an elliptical orbit, nobody would be able to disprove my assertion provided I were careful to add that the teapot is too small to be revealed even by our most powerful telescopes. But if I were to go on to say that, since my assertion cannot be disproved, it is intolerable presumption on the part of human reason to doubt it, I should rightly be thought to be talking nonsense. If, however, the existence of such a teapot were affirmed in ancient books, taught as the sacred truth every Sunday, and instilled into the minds of children at school, hesitation to believe in its existence would become a mark of eccentricity and entitle the doubter to the attentions of the psychiatrist in an enlightened age or of the Inquisitor in an earlier time.

Betrand Russell. Is There a God?.

Si alguien puede aportar una traducción al castellano, será recompensado con un pin de Made in Madrid.

Blasfemar es mi derecho

Martes, 5 de Enero de 2010 alx5000 3 comentarios

Pues ahora resulta que algunos de los seres imaginarios favoritos de los fanáticos tienen derechos. Es como si Mickey Mouse o Papá Noel pudieran sentirse ofendidos por las cosas que se dijeran de ellos, y los que las expresasen (¿expresásemos?) fuéramos castigados por ello.

Para empezar, un ataque a una idea nunca es un ataque a una persona. Cuando alguien se siente ofendido por algo que se ha dicho de su divinidad, superhéroe o personaje de dibujos animados favorito, le sucede porque es un fanático. Los demás no podemos estar sujetos a fanatismos particulares, sobre todo cuando se tratan temas de corte religioso, en los que crear una nueva institución es tan sencillo como inventarse una historia y alguien a quien venerar (Nota: menciono a la Cienciología por su juventud, pero creo que tanto fundamento como el resto de las religiones).

Se dice mil veces, pero harán falta mil y una: las ideas fuertes y coherentes se sacuden con elegancia los embistes, tanto lógicos como injuriosos, porque los que las defienden no tienen miedo a que sean atacadas. Los que nos fijamos en la calidad y la estructura de una idea en lugar de creer firme e incuestionablemente lo que nos han querido enseñar, sin aplicar pensamiento crítico alguno, no necesitamos de leyes que blinden nuestras ideologías. Diga usted lo que le dé la real gana sobre el neodarwinismo, la teoría de la relatividad o el funcionamiento del aparato circulatorio humano, que si no lo hace con pruebas y un razonamiento lógico, su afirmación valdrá menos que el cerebro con que la ha producido. Y todo esto sin que nos tengan que confeccionar leyes a medida.

“Sed tolerantes”, nos dicen los mismos que nos condenan a fuegos eternos y no sé cuántas otras pendejadas por la rabia que les da no poder imponer sus moralinas heredadas de libro de cuentos milenario roto, anticuado, putrefacto que, parafraseando a Stephen Colbert, dice el miércoles lo mismo que lo que había dicho el lunes, sin importar lo que ocurra el martes.

A tomar por el culo todos ellos, los dioses los primeros.

Lecturas recomendadas: Blasfemar es mi derecho (es.naroh), Blasfemar es un derecho, no un delito (magonia).

Ateísmo agresivo

Miércoles, 2 de Diciembre de 2009 alx5000 1 comentario

El vídeo es de Pat Condell. Sobran los comentarios.

Edito: No, no sobran. La traducción no me gusta nada, pero quizá porque el discurso original es muy bueno, y se pierde gran parte. Pero hay errores catastróficos, como cuando se traduce “righteousness” (una de las “falsas virtudes”) como “moralidad”, cuando en realidad es “rectitud”, en el sentido de “santidad”, “devoción a una vida sin pecado”.

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El bumerán de la tolerancia

Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 alx5000 Sin comentarios

Perdí la cuenta hace ya demasiado de las veces que me han calificado de intolerante por llamar por su nombre a las creencias ridículas de otros. Generalmente, nunca he prestado demasiada atención a ese adjetivo, pues hay poca gente que no lo utilice en su moderna forma feel-good políticamente correcta, convirtiendo en intolerante al tipo que no respeta las verdades de los demás.

Desde mi punto de vista, se debe tolerar a la persona, pero la idea siempre tiene que ser cuestionada. Aunque se trate de alguien pueda tener motivos ocultos, o incluso de un ser humano abominable, debemos ser capaces de disociar el qué del quién y evaluar la idea por sus propios méritos. De la misma forma, soy un firme defensor de que no hay idea suficientemente arraigada en una persona como para que no se pueda deshacer de ella, dados los argumentos adecuados; por eso la ciencia siempre estará un par de peldaños por encima de la fe -cualquiera- en mi escalera. Si parto de la base de que hay ideas para las que no cabe cuestionamiento, ya sea en la acción (respeto lo que dices y me callo) o en el efecto (da igual lo que te diga, que tu opinión es inamovible) tendré que tolerar lo que postulen, por poner algo, los racistas o los defensores del geocentrismo. Supongo que el corolario de “todo el mundo se equivoca” es “cualquiera se puede equivocar en cualquier cosa”, y eso es a lo que quiero llegar: para todos es necesario el derecho a darnos cuenta de que no tenemos razón, por muy convencidos que hayamos estado de que sí. Porque, además, por muy sólido que sea un razonamiento, si parte de una premisa equivocada, rara vez nos llevará a una conclusión con sentido.

Y dicho esto, voy al verdadero motivo por el que quería escribir hoy. Resulta que, tras la sentencia del Tribunal de Estrasburgo que concluye que los crucifijos en las aulas son contrarios a los derechos de los padres a educar a sus hijos, y de estos últimos a estar libres de adoctrinamientos, y que ha provocado que los católicos se pongan como monas porque (¡cómo no!) viola su libertad religiosa (me recuerda al gag de Padre de Familia en que Lois convence a los indecisos para que la conviertan en alcaldesa a base de contestar “9/11″ a todo) y porque la cruz representa los valores de la igualdad, libertad y tolerancia (?) y otras muchas cosas muy graciosas que decían entre espumarajo y espumarajo, algunos pueblos italianos han redactado ordenanzas municipales obligando a las escuelas a que mantengan el susodicho símbolo. “Libertad y tolerancia”, tóquense las bolas. Los mismos que dicen que respetemos sus ideas del señor en el cielo que es su propio hijo (excepto cuando insemina vírgenes, que toma forma de paloma, o de arcángel; no presté mucha atención al trailer), son incapaces de aplicar a los demás lo que piden para ellos, ni siquiera cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha declarado que están actuando al margen de las leyes.

Cosas que se hacen cuando no hace falta pensar

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 alx5000 3 comentarios

En la entrada anterior, una lectora me recriminaba lo siguiente:

Yo creo que toca… por mucho que guste la epistemología, los debates sin llegar a nada, las preguntas sin respuesta… abrir los ojos, asomarse a la ventana, o yo que sé, leer el periódico… y concienciarse en intentar resolver problemas reales.

Yo respondía insistiendo en que para identificar los problemas reales y resolverlos hace falta pararse a pensar. Porque, cuando uno no piensa, toma por correcto lo que le han contado, lo que ha leído o lo que más le conviene, como un trapo que se empapa del agua con que se le moja y humedece lo que toca con él, sin ningún tipo de procesado.

Dada mi reciente afición a las enumeraciones, me he propuesto elaborar una lista de cosas que se hacen porque sí, sin pensar, y que perjudican a otras personas, para comprobar si tienen relación con los “problemas reales”:

  • Sacrificios rituales (de personas o animales).
  • Mutilaciones (como las ablaciones del clítoris).
  • Limpiezas étnicas.
  • Discriminación hasta el asesinato (como los de los albinos en Tanzania).
  • Legislaciones creativas (como las de la forma de vestir, que no deja de ser tragicómico).

Seguro que me dejo muchas, pero ésas me vienen a la mente de un plumazo. Lo divertido es que, para demostrarle a esa gente que lo que hace no está bien, hay que pararse a pensar, a hablar y a llevarles la contraria. Hay que dejar de respetar sus ideas, porque sus ideas son perjudiciales, y no sólo para ellos y su salud mental.

Como nota final, quiero decir que ayudaría más si todos esos buenos cristianos marcasen la cruz de las ONG al realizar la declaración de la renta únicamente. Por una parte, el dinero para la obra social de la Iglesia seguiría le mismo sitio (no lo sacan de la casilla que lleva su nombre, de ahí sólo salen sueldos para los curas), y por otro el dinero para el estado aumentaría, pudiendo, por ejemplo, dedicar más dinero a gasto social.

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Ni Dan Brown

Miércoles, 28 de Octubre de 2009 alx5000 3 comentarios

El Evangelio de San Mateo engancha. No voy más que 16 versículos, y con tan poco ya se hace evidente que es un best-seller.

Este es el Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos;
Judá engendró de Tamar a Fares y a Zéraj; Fares engendró a Hesrón; Hesrón engendró a Aram;
Aram engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Najsón; Najsón engendró a Salmón;
Salmón engendró de Rajab a Boaz; Boaz engendró de Rut a Obed; Obed engendró a Isaí;
Isaí engendró al rey David. David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías;
Salomón engendró a Roboam; Roboam engendró a Abías; Abías engendró a Asa;
Asa engendró a Josafat; Josafat engendró a Joram; Joram engendró a Uzías;
Uzías engendró a Jotam; Jotam a Acaz; Acaz engendró a Ezequías;
Ezequías engendró a Manasés; Manasés engendró a Amón; Amón engendró a Josías;
Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación de Babilonia.
Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel engendró a Zorobabel;
Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliaquim; Eliaquim engendró a Azor;
Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Aquim; Aquim engendró a Eliud.
Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matán; Matán engendró a Jacob.
Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.

Pienso leerlo poco a poco, con detalle, porque a pesar de ser un firme defensor del famoso argumento de Dawkins (“Do you have to read up on leprechology before disbelieving in them?”), me gusta ver cómo muchas veces la gente desconoce el contenido del libro que toma como Primera Ley.

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Otra recomendación

Jueves, 22 de Octubre de 2009 alx5000 Sin comentarios

Un blog que suelo leer a menudo: El retorno de los charlatanes. Su autor trata temas sobre creencias sobrenaturales y su efecto nocivo en la vida de la gente.

Concretamente, me ha gustado mucho su última entrada, sobre todo por los datos.

Libertad para creer

Martes, 13 de Octubre de 2009 alx5000 Sin comentarios

No ha sido la primera vez este fin de semana que me hayan dicho que ojalá tuviera la capacidad de creer, de sentir la presencia de un dios, ni será la última. A menudo, suele ir acompañado este deseo de la constatación de una limitación personal mía a la hora de saber escuchar las señales que de él emanan.

Yo lo interpreto de manera diferente. Por supuesto que tengo la capacidad de creer, pero sólo cuando se trata de creencias fundamentadas. Siempre me ha parecido que las personas dogmáticas partían de la solución universal (“existe un dios”) y la iban aplicando individualmente a cada problema, sea el que fuere. Esto, aparte de suponer un inconveniente relativamente grave, dado que tener una explicación para todo (que no explica nada) atrofia la capacidad de pensamiento crítico de cada uno, significa que, pase lo que pase, siempre se van a interpretar los hechos desde una idea primera universal e inamovible: un prejuicio.

Personalmente, estoy bastante seguro de que carezco de ese prejuicio. Lo he dicho mil veces y lo mantengo: sólo necesito una prueba, algo atribuible a un dios, y a lo que no se puedan asociar fácilmente otras causas (suelo poner de ejemplo a los unicornios). Con hechos, es muy sencillo convencerme; basta con una piedra que caiga hacia arriba para trastocar mi confianza en la Gravitación Universal.

Pregúntenle lo mismo a una persona creyente. Responderá que no, que no hay ninguna forma de que deje de creer en lo suyo, ocurra lo que ocurra. ¿No es esa la auténtica limitación personal?

PS: No, el amor no me vale (“¿crees en el amor?” tiene tanto sentido como “¿crees en la justicia?” o “¿crees en la amistad?”; los conceptos abstractos identifican sensaciones, estados, y, para más inri, suelen variar demasiado de una persona a otra), como tampoco me valen la sonrisa de un niño (sería el Unicornio quien la provocaba) o la propia existencia del mundo (un comité de unicornios) y su perfección (esto que se lo comenten a todos éstos y a estos otros…).

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