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Blasfemar es mi derecho

Martes, 5 de Enero de 2010 alx5000 3 comentarios

Pues ahora resulta que algunos de los seres imaginarios favoritos de los fanáticos tienen derechos. Es como si Mickey Mouse o Papá Noel pudieran sentirse ofendidos por las cosas que se dijeran de ellos, y los que las expresasen (¿expresásemos?) fuéramos castigados por ello.

Para empezar, un ataque a una idea nunca es un ataque a una persona. Cuando alguien se siente ofendido por algo que se ha dicho de su divinidad, superhéroe o personaje de dibujos animados favorito, le sucede porque es un fanático. Los demás no podemos estar sujetos a fanatismos particulares, sobre todo cuando se tratan temas de corte religioso, en los que crear una nueva institución es tan sencillo como inventarse una historia y alguien a quien venerar (Nota: menciono a la Cienciología por su juventud, pero creo que tanto fundamento como el resto de las religiones).

Se dice mil veces, pero harán falta mil y una: las ideas fuertes y coherentes se sacuden con elegancia los embistes, tanto lógicos como injuriosos, porque los que las defienden no tienen miedo a que sean atacadas. Los que nos fijamos en la calidad y la estructura de una idea en lugar de creer firme e incuestionablemente lo que nos han querido enseñar, sin aplicar pensamiento crítico alguno, no necesitamos de leyes que blinden nuestras ideologías. Diga usted lo que le dé la real gana sobre el neodarwinismo, la teoría de la relatividad o el funcionamiento del aparato circulatorio humano, que si no lo hace con pruebas y un razonamiento lógico, su afirmación valdrá menos que el cerebro con que la ha producido. Y todo esto sin que nos tengan que confeccionar leyes a medida.

“Sed tolerantes”, nos dicen los mismos que nos condenan a fuegos eternos y no sé cuántas otras pendejadas por la rabia que les da no poder imponer sus moralinas heredadas de libro de cuentos milenario roto, anticuado, putrefacto que, parafraseando a Stephen Colbert, dice el miércoles lo mismo que lo que había dicho el lunes, sin importar lo que ocurra el martes.

A tomar por el culo todos ellos, los dioses los primeros.

Lecturas recomendadas: Blasfemar es mi derecho (es.naroh), Blasfemar es un derecho, no un delito (magonia).

El bumerán de la tolerancia

Miércoles, 18 de Noviembre de 2009 alx5000 Sin comentarios

Perdí la cuenta hace ya demasiado de las veces que me han calificado de intolerante por llamar por su nombre a las creencias ridículas de otros. Generalmente, nunca he prestado demasiada atención a ese adjetivo, pues hay poca gente que no lo utilice en su moderna forma feel-good políticamente correcta, convirtiendo en intolerante al tipo que no respeta las verdades de los demás.

Desde mi punto de vista, se debe tolerar a la persona, pero la idea siempre tiene que ser cuestionada. Aunque se trate de alguien pueda tener motivos ocultos, o incluso de un ser humano abominable, debemos ser capaces de disociar el qué del quién y evaluar la idea por sus propios méritos. De la misma forma, soy un firme defensor de que no hay idea suficientemente arraigada en una persona como para que no se pueda deshacer de ella, dados los argumentos adecuados; por eso la ciencia siempre estará un par de peldaños por encima de la fe -cualquiera- en mi escalera. Si parto de la base de que hay ideas para las que no cabe cuestionamiento, ya sea en la acción (respeto lo que dices y me callo) o en el efecto (da igual lo que te diga, que tu opinión es inamovible) tendré que tolerar lo que postulen, por poner algo, los racistas o los defensores del geocentrismo. Supongo que el corolario de “todo el mundo se equivoca” es “cualquiera se puede equivocar en cualquier cosa”, y eso es a lo que quiero llegar: para todos es necesario el derecho a darnos cuenta de que no tenemos razón, por muy convencidos que hayamos estado de que sí. Porque, además, por muy sólido que sea un razonamiento, si parte de una premisa equivocada, rara vez nos llevará a una conclusión con sentido.

Y dicho esto, voy al verdadero motivo por el que quería escribir hoy. Resulta que, tras la sentencia del Tribunal de Estrasburgo que concluye que los crucifijos en las aulas son contrarios a los derechos de los padres a educar a sus hijos, y de estos últimos a estar libres de adoctrinamientos, y que ha provocado que los católicos se pongan como monas porque (¡cómo no!) viola su libertad religiosa (me recuerda al gag de Padre de Familia en que Lois convence a los indecisos para que la conviertan en alcaldesa a base de contestar “9/11″ a todo) y porque la cruz representa los valores de la igualdad, libertad y tolerancia (?) y otras muchas cosas muy graciosas que decían entre espumarajo y espumarajo, algunos pueblos italianos han redactado ordenanzas municipales obligando a las escuelas a que mantengan el susodicho símbolo. “Libertad y tolerancia”, tóquense las bolas. Los mismos que dicen que respetemos sus ideas del señor en el cielo que es su propio hijo (excepto cuando insemina vírgenes, que toma forma de paloma, o de arcángel; no presté mucha atención al trailer), son incapaces de aplicar a los demás lo que piden para ellos, ni siquiera cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha declarado que están actuando al margen de las leyes.