Enviado por alx5000 el 14 de junio de 2007

Mi querida madrugada, cuántas noches hemos pasado juntos…

Toqué su mano, miré en sus ojos,
mordí los labios de la manzana;
hoy, más de lo que lo seré nunca,
soy esclavo de la madrugada.

La brisa corta, y silba, y se queja;
ofrece tú, que no tengo nada
más que ganas de seguir soñando,
y al fin y al cabo sólo son ganas.

Ella no es ella, ella son todas,
ella me busca si tú me apartas;
y no es consuelo esperar su muerte
un día tras otro cada mañana.

Tocó mi mano y miró en mis ojos
con su cálido aroma a calma;
siempre que las horas se me juntan
salto a ciegas a la madrugada.